Las 5 fases del duelo ante el colapso

En toda tragedia familiar, se suele pasar por un duelo que tiene distintas fases hasta llegar a poder convivir con la nueva realidad. En una pirueta seguramente bochornosa para sociólogos y psicólogos, planteo esta teoría o metáfora en la que la gran familia que es la humanidad o una civilización existen esas mismas fases de duelo ante tragedias sociales globales.

El duelo social sería como una acumulación de los duelos personales, que crea un estatus de la fase de duelo ‘media’ en la que se encuentra la sociedad. Paso a explicarme porque creo que no me estoy explicando nada.

1- Negación

Desde los 70, con el informe del Club de Roma y la publicación de The Limits to Growth, el problema se encuentra sobre la mesa, en toda su certeza y crudeza. Sin embargo la sociedad en su mayoría, y con ella su extensión institucional, dan una patada hacia adelante con la globalización, extendiendo los límites locales, para chocar mañana con los límites globales.

En esto aún están muchos, a nivel personal e institucional, a pesar de 50 años de constatación absoluta de la teoría con los datos que se han ido acumulando. Los argumentos más comunes tienen que ver con la confusión entre tiempo atmosférico y clima (mira qué frío hace este año) y entre fluctuación bursátil y realidad geológica (mira lo barata que está la gasolina), pero en general hay muchos factores sobre la negativa al colapso, como repasamos en su día.

En cualquier caso es una fase que la civilización en su conjunto está dejando atrás, aunque ha sido sin duda la preponderante hasta al menos 2008.

Ejemplos: Trump, el primo de Rajoy, ‘qué frío hace este año’, ‘la conspiración del Club de Roma’, ‘con lo baja que está la gasolina’

fasesDuelo

2- Negociación

La crisis de 2008 supuso un terremoto que sacudió a la civilización occidental, con ramificaciones profundas pero cuyo análisis se quedó en un reformismo (‘vamos a refundar el capitalismo’, decía Hollande) cada vez más superficial, que finalmente se materializó en dos interpretaciones: intentar seguir creciendo mediante incentivos públicos (socialdemocracia) o mediante austeridad (conservadores).

Esta actitud de negociación, asumiendo sólo superficialmente el problema, ha sido la táctica predominante en las instituciones europeas (Merkel) y estadounidenses (Obama), siendo todas ellas fallidas y perdiendo fuelle según avanzaba esta nueva década perdida.

Es una fase aún muy presente, en todos los discursos a izquierda y derecha, pero cada vez menos exitosa institucionalmente.

Ejemplos: Obama, Merkel, Zapatero, Podemos, Equo, COP21, ‘el decrecimiento no es sexy’ (Monedero dixit), coche eléctrico, reciclaje.

3- Ira

La frustración generada por el fracaso manifiesto de las políticas negociadoras ante el problema de base, y la falta de enlace de los problemas sociales con los problemas ecológicos y energéticos, son quizás los cimientos del siguiente estadio: la ira. Los chinos nos comen, los inmigrantes, putos políticos, putas empresas, me quieren subir la gasolina. Racismo. Clasismo. Desapego político. Desconfianza institucional. Miedo.

Este odio contra todo, pero que fundamentalmente no entra en el cambio necesario de paradigma, o sólo en su vertiente liberal-progresista, seguramente es la fase preponderante actual, con el auge de la extrema derecha como abanderado. Cuánto dure esta fase del duelo, que desde luego tampoco va a solucionar el problema (pues no lo aborda) y probablemente lo agravará, dependerá de cuánto tiempo una porción significativa de la sociedad se instale en ella.

Ejemplos: trump, bolsonaro, vox, nos comen los chinos, el problema es la sobrepoblación, mano dura, chalecos amarillos.

NOTA: aquí trastoco el orden normal en psicología, donde la ira se da antes que la negociación. Creo que esto es así porque el problema se ha negado demasiado tiempo frente a la población en su conjunto y hay por tanto un desfase entre la acción política y la social. También porque la tragedia se planteaba a futuro, y por tanto había poco lugar para la ira a corto plazo (un poco como la diferencia de que te digan que un familiar ha muerto por un accidente de tráfico o que le quedan X años de vida por un cáncer).

4- Depresión

Gran parte de la sociedad liberal-progresista se va adentrando cada vez más en esta fase: la abstención, la apatía, la frustración ante el bloqueo institucional a políticas progresistas, el bloqueo político a cuestionamientos de paradigma más profundos por miedo a pérdida de votos. También muchos sectores más o menos concienciados se encuentran en esta fase, que va del ‘vamos a morir todos’ al cinismo puro (‘quieres que volvamos a la edad de piedra’).

En cierto modo está bien porque es una fase cercana al abordaje real del problema. Cómo se afronte la ola de la ira dependerá en gran medida de si la población en fases posteriores de duelo se queda en la depresión o avanza a la aceptación.

Ejemplos: abstención, cinismo, apatía, falta de confianza en todo, falta de participación ciudadana.

5- Aceptación

Aunque el impacto institucional es nulo y el social es muy bajo, cierta parte de la población ya ha conseguido llegar a esta fase. Ojo, posiblemente (por mi experiencia personal y la de mucha gente cercana) no se pueda llegar a ella sin pasar por todas o la mayoría de los anteriores, si bien la estancia en cada una de ellas depende de muchos factores, en especial de la apertura de mente y permeabilidad a ideas nuevas que cuestionen nuestra opinión formada, la sensibilidad y capacidad de adaptación mental y emocional, y la resonancia con el sentir y la experiencia propia.

Hay por tanto muchos colectivos, pero de muy bajo impacto y no excesivamente coordinados, que se encuentran más o menos en esta fase. Es pronto para saber si llegarán a tener impacto institucional antes de que estas instituciones dejen de tener sentido o poder de cambio, o si su impacto tendrá un sentido más cultural y local.

Ejemplos: Deep Green Resistance, Extinction Rebellion, picoleros, Post Carbon Institute, ecoaldeas, ciudades en transición, Derrik Jensen, Carlos Taibo, Jorge Riechmann, Antonio Turiel, Pedro Prieto.

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Hábitos de un ecologista libertario

El hábito (acepción 2 de la RAE) no hace al monje, pero el hábito (acepción 1) sí hace a la persona, o al menos en mi humilde opinión. Estoy harto de ver reuniones y ponencias de ecologistas y economistas que van a cambiar el mundo con botellas de plástico encima de la mesa (no es broma, he echado la bronca en ponencias de Equo, Ecologistas en Acción y hasta a Christian Felber por esto, deben de conocerme ya como ‘el pesao’). Después de la charla, muchos se iban en sus coches a casa, un clásico.

Este tipo de distancias entre lo que se dice y lo que se hace lleva a disonancias cognitivas que terminan apartando a la persona del activismo por ‘irrealizable’ o llevando al campo de la negociación o reformismo (viva el coche eléctrico), pero que en poco abordan el problema.

Cierto es que los cambios profundos que necesita la sociedad van mucho más allá de los hábitos personales de cada uno de nosotros. Pero ese discurso puede llevar a dos puntos: o bien el derrotismo de no se puede hacer nada (TINA Thatcher estaría orgullosa de vosotros, chavales) o al buenismo de patada al futuro de “lo importante es la educación“.

Una tercera vía es la crítica al capitalismo (o quizás más adecuadamente, deberíamos hablar del productivismo, lo que si nos ponemos en plan duro puede incluir casi todo desde el comienzo de la agricultura). Aunque coincido con este análisis, suelo desconfiar de los que están dispuestos a ir a la revolución o a cambiar radicalmente de paradigma sin cambiar un ápice de sus hábitos comunes.

Bajo el argumento, totalmente válido y correcto en mi opinión de “cambiar individualmente no soluciona el problema, hacen falta soluciones colectivas, se busca el individualismo porque es más efectivo combatirnos por separado, etc.”, muchas veces hay también un segundo plano de falta de ganas de hacer autocrítica, de moverse de posiciones cómodas, o de huida de la revolución interna en pos de la externa. No me caigan tampoco en la falacia de la cuesta resbaladiza de que la revolución interna vamos al ascetismo, no al cambio colectivo, porque evidentemente tampoco es de lo que hablo aquí.

De lo que quiero hablar es de los hábitos que a lo largo de los últimos 10-12 años he conseguido adoptar o cambiar sin perder un ápice de calidad de vida, ni de foco en los problemas globales y colectivos, y sin un esfuerzo significativo una vez vencida la inercia inicial. El mayor esfuerzo muchas veces es cultural, como cambiar de sistema operativo. También me gustaría hablar de otros intentos que no han llegado a tan buen puerto.

No me gustaría que se tomaran estos hábitos como pontificación, ni dogma de fe ni como un argumento de superioridad moral sobre los que no tengan estos hábitos, sino como mi experiencia personal que quizás pueda servir a alguien.

Alojamiento

A mi gusto esta es la decisión primordial, quizás irrevocable para muchos que ya la han tomado por tonterías como hipotecas, trabajos, etc. En 2006, con unos ahorrillos y ayuda familiar, compré un piso (sí, también caí en el frenesí inmobiliario). Aunque no tan concienciado como ahora (probablemente no habría comprado si no), tenía muchas cosas claras de las que me siento muy satisfecho:

  1. No quería coche, primé la ubicación: cercanía a mi lugar de trabajo y a los centros de ocio y necesidades básicas.
  2. Esto va inevitablemente (i.e. económicamente) ligado a una reducción del espacio: no iba a tener un chalet con jardín.
  3. Cuanto más céntrico, mayor es la reducción de espacio, optando finalmente por un apartamento de 40 m2 a 5-10 minutos caminando de mi trabajo y de casi todas las necesidades que podía tener en el día a día. Tuve suerte de que el apartamento dispusiera de un patio con sol casi tan grande como la propia casa.

 

Transporte

La elección de ubicación quizás estaba sobre todo influenciada por mi decisión de no ser propietario nunca de un coche. Tengo carné de conducir, pero el coste económico, ecológico y la pérdida de calidad de vida que supone un coche nunca me ha parecido que compensen la libertad de movimientos (muy circunstancial) que te da.

En el día a día me muevo andando. Los km andados, el peso cargado de la compra, las sentadillas limpiando, etc. son suficientes para mantenerme medianamente en forma sin necesidad de crosfitting, running o cualquier otro gerundio sajón que se les ocurra.

Para viajes puntuales, el autobús o tren suelen cubrir mis necesidades perfectamente. Para algunos desplazamientos un poco más largos en mi ciudad, que me pudieran llevar más de 25 minutos, tengo una bici (plegable, recordad que tengo un apartamento de 40m2 :)) o uso el servicio público de bicicletas. En particular, para visitar a familiares que viven en un suburbio (algunos los llaman urbanizaciones) me suele resultar más cómodo ir en bici que usar el autobús.

Rara vez he sentido que he perdido calidad de vida por mis decisiones de transporte: quizás un día te mojas un poco por ir en bici y ponerse a llover, o pierdes un bus y tienes que esperar al siguiente. Me sale totalmente a cuenta comparado con el estrés del tráfico, el agobio de buscar aparcamiento, el coste de reparaciones, revisiones, licencias, combustible, garaje, etc. Quizás la mayor pena es no poder ir a lugares de difícil acceso con transporte público, como algunos parajes naturales, etc. pero entonces pienso en la frase de Petra Kelly [1] y se me quita la tontería:

Todos quieren volver a la naturaleza, pero ninguno quiere hacerlo a pie

 

Calefacción

Junto al petróleo, otro gran foco de dependencia fosilista es la calefacción, generalmente a carbón o gas. Aquí como en muchas de mis decisiones pensé más que en lo que tenía que hacer, en lo que no hacer[2]. Tengo calefacción y agua caliente por gas natural, la solución fue no calentar tanto la casa (bajar de 21º a 19º) y no tomar duchas calientes tan a menudo. Un buen jersey en casa, o manta si estás sentado, suele ser suficiente y no requiere mucho trabajo, ni desde luego pérdida de comodidad. De verdad que no, si no estás dispuesto a estos sacrificios infinitesimales quizás no deberías estar leyendo esto. Sacrificio puede ser el nivel de mi abuela, que puede estar en su casa sin calefacción a 16º y ella se encuentra cómoda (y para su generación, ni eso).

Finalmente, una mejora importante reciente fue el cambio de ventana, algo per se contaminante (generación de residuos, energía y recursos requeridos para hacer las nuevas ventanas) y que requiere de una inversión inicial, pero que nos está dando buen resultado, acercando nuestro nivel de consumo en un hogar con 2 personas a los niveles de un hogar con una persona. Esta es de las pocas opciones de ‘hacer’ que me he planteado.

consumoGas

Electricidad

El último foco de dependencia es la electricidad. Una primera decisión fue el cambio a una cooperativa, SomEnergía. No tiene implicaciones fuertes económica o ecológicamente, pero la satisfacción inmediata de dejar de pagarle el sueldo a Ángel Acebes era demasiado tentadora. El cambio es casi tan sencillo como un cambio de compañía de teléfono.

Además, aunque ahora no está disponible, SomEnergía ofrecía estadísticas de tu consumo y comparativas con la media de sus clientes y en particular de los clientes más ecológicos, que introducía un componente de ‘pique’ por reducir tu consumo. Además desincentiva el consumo aumentando la tarifa si consumes mucho. Estas cosas son importantes, y no todas las nuevas empresas que están saliendo en los últimos años tienen las condiciones ecológicas y sociales de SomEnergía o EnergÉtica. Muchas son negocios BAU que tratan de predar en la mala fama de las empresas energéticas tradicionales.

Más allá de la compañía contratada, usamos poco la luz y tenemos cuidado con los aparatos en standby, pero sin ser muy estrictos. Vamos reemplazando las bombillas que se gastan por otras de bajo consumo, pero no tiramos las que todavía funcionan. Intentamos quitarnos del lavavajillas, sin éxito, esto sí nos suponía un incomodo (a otras personas quizás no). Lo que sí conseguimos fácilmente es apagar el congelador: con la nevera nos era suficiente, de hecho la reducción de residuos plásticos puede tener que ver en parte con la compra de congelados, etc. El único momento en el que alguien nos mira raro es cuando hacemos alguna fiesta en casa y pedimos que traigan hielo, no es ningún drama. La nevera también la tenemos a la temperatura más alta posible. En particular, el consumo del congelador es muy alto y su eliminación se nota.consumoElectricidadAh, tampoco tenemos tele, una decisión más política que ecológica, pero el standby también hace 🙂

 

Tanto en el gas como la electricidad, vivir en un piso pequeño es importante. Al ser pequeño, calentarlo o iluminarlo es menos costoso. Al ser un piso, está rodeado de muchos otros, manteniendo el calor.

 

Residuos

Esta es uno de los aspectos más complicados, porque está imbricado en montones de pequeñas decisiones diarias, e impuesto en muchos casos. Junto con el uso de la bici, son los únicos dos cambios que han requerido ‘enfrentamiento’ con otras personas fuera de la familia (ver más abajo).

El caso es que la generación de basura no es un asunto pequeño. Todo lo que producen tantas y tantas industrias de las que nos quejamos que contaminan termina en nuestros hogares y tras un breve paso, termina en vertederos en una gran proporción. Lo primero quizás es tomar conciencia del problema. A mi me lo dieron en parte las fotos de Gregg Segal, que retrata a familias con la basura generada en una semana.

Alfie, Kirsten, Miles and Elly.

Una de las fotos del proyecto ‘7 days of garbage’ de Gregg Segal (https://www.greggsegal.com/)

A partir de ahí, comencé a anotar cada bolsa de basura que tiraba a los contenedores, y cuánto pesaba. Cabe decir que el reciclaje no contaba para mí como parte de la solución, es si acaso una solución a las consecuencias del problema, pero no a las causas.

De nuevo la solución para mí no era el qué hacer (cómo reciclar, cómo clasificar, etc.) si no el no hacer (cómo no dejar que esos residuos entren en mi casa en primer término). No era especialmente consumista, pero compraba en grandes superficies con frecuencia, compraba bastantes productos envasados, etc. Hay varias experiencias al respecto seguramente más ejemplares que la mía, pero voy a poner algunos ejemplos de lo que he ido cambiando:

  • Para mis desayunos, sustituyo las cajas de cereales por cereales a granel. Tengo unas cuantas bolsas resistentes de plástico que relleno en una tienda con avena y frutos secos. Sustituyo la leche (tetra-briks) por té (bolsas de té y energía para calentarlo) o más recientemente por agua del grifo sin más. La propia avena convierte el agua en una especie de leche de avena que para mí basta. El resultado son cero residuos en mis desayunos.
  • La compra de carne o verdura la hacemos llevando bolsas de tela, acompañadas de bolsas de plástico reutilizadas para ir metiendo cada una de las frutas o verduras (seis tomates aquí, cuatro patatas allá) y tuppers para la carne. Según los dependientes, hay más o menos resistencia a que tú le vayas pasando las bolsas pequeñas en vez de coger nuevas de las suyas. No entiendo muy bien el por qué, pero hablando con ellos supongo que es una mezcla de 1) miedo porque seas un inspector encubierto de sanidad 2) miedo a que el resto de clientes piensen ‘qué rancio el dependiente, no da ni bolsas’ 3) miedo al cambio cultural, aka ‘ya está aquí el hippie’ y 4) miedo a que se dé cuenta de que no sé usar la tara de la báscula para pesar el tupper vacío.
  • No como yogures, zumos, u otros productos envasados, excepto conservas, e intento reducirlas. Con fruta, frutos secos, quesos y embutidos me suele vales para llevarme algo de almuerzo y merienda. Y los quesos y embutidos ojo, que a veces es difícil encontrarlos sin emplasticar a lo bestia, que dices, joer, si esto ya viene preparado para conservarse. En general, si veo algo que me apetece y está envasado, pienso si puedo encontrarlo sin envasar; si no, pienso si hay productos parecidos que no requieran envase; si no, pienso si realmente lo necesito o me apetece mucho o puedo pasar sin ello.
  • Evitar en lo posible los regalos. Diréis ‘qué tío rancio’. Vamos a ver, acepto regalos y me encantan, pero a menudo las cosas que te apetecen mucho no esperas a que alguien te las regale, te las compras tú, y muchos regalos de gente que te conoce poco igual los terminas tirando. Nuestro lema para cumpleaños, etc. en cuanto a regalos es ‘traed comida’ y nos la comemos en la celebración. Con familiares cercanos, muchas veces no nos regalamos o nos preguntamos qué necesitamos.
  • Compostamos todos los residuos orgánicos. Basta con mantener un tupper para ir echando las peladuras, etc. y cuando se llena echarlo a la compostadora que tenemos en el patio. El compost lo usamos luego en nuestro huerto (ver más abajo)
  • Compramos detergentes a granel, rellenando los envases y sprays que compramos hace tiempo. Hay tiendas de detergentes a granel en casi cada ciudad a día de hoy, sólo es cuestión de buscar. Para la ducha, me vale con una pastilla de jabón, que compramos en una tienda en las que las tienen sin plastificar.
  • Uso una botella de metal para llevar agua, que suelo rellenar del grifo en casa o fuentes. En mi trabajo hay una máquina de esas de agua, en la que todos los demás de mi edificio usan sus vasos desechables de plástico y que periódicamente repone sus bidones de plástico. Una pena.
  • No solemos pedir comida a domicilio. A veces vamos a buscarla al restaurante con nuestros tuppers (no todos lo aceptan, pero algunos sí). También tenemos un restaurante chino que nos recoge los tuppers de plástico en los que traen la comida (previamente limpiados por nosotros a conciencia).
  • Mi pareja usa la copa menstrual. Esto fue una iniciativa suya, por supuesto, pero me parece interesante comentarlo. Según su experiencia, ahorras una pasta, no reseca y es menos incómoda. También según su relato, requiere un poco de curva de aprendizaje (como todo) y entrar en contacto con tu propia sangre.

Bueno, con eso es suficiente, creo que os hacéis una idea de lo que hacemos: 1) no consumir, 2) consumir sin envases, 3) buscar alternativas sin envases, 4) reutilizar envases y sólo en último caso 5) consumir nuevos envases.

 

Viajes

Nos encanta viajar, como a todo hijo de vecino. Amplía perspectivas, enriquece culturalmente y entretiene. Pero ojo, muchas veces se vuelve un vicio o rutina y un querer llegar cuanto más lejos y más veces al año mejor, sin un disfrute excesivo. Más bien un segundo trabajo. Hay un viejo refrán que probablemente no sea tal cual lo cito pero que dice algo así como “el sabio no necesita salir de su cueva” que viene a expresar que uno puede tener mucha amplitud de miras sin salir de su entorno, o mirando mucho más a su entorno. La diversidad de personas, opciones culturales y experiencias que puedo tener incluso en una ciudad pequeña es tal a día de hoy, que da de sobra para ampliar nuestros mundos personales.

En ese sentido, hemos hecho pocos viajes de ocio últimamente, casi todos a nuestro entorno cercano, en el que hay multitud de ciudades, parajes y gentes increíbles. Como en casi cualquier parte del mundo, supongo.

Por trabajo podría recorrerme medio mundo atendiendo a conferencias, etc. Sin embargo me he dado cuenta de que puedo mantenerme igualmente al día, realizando una investigación de calidad y colaborando con grupos a distancia o con grupos locales que son tremendamente interesantes. Por tanto, casi no viajo por trabajo, y hace años que no cojo un avión por trabajo (y cuando los cogía eran para vuelos de 1-2 horas dentro de Europa).

En general aplico una pregunta que me hago a menudo: ‘¿qué haría mi abuela?‘ Estamos hablando de hace dos generaciones, no de la edad de piedra. Mi abuela visitó una vez el mar y se quedó satisfecha. Ha ido algunas veces a Madrid y viene a visitarnos una o dos veces al año a Salamanca y le vale. En muchos sentidos, es más sabia que yo.

Carne

Con el tema de la carne me estaba costando formarme una opinión, pues tenía muchos argumentos encontrados, desde mi hermano que es vegetariano, pasando por mi (quizás para algunos excesiva) sensibilidad por las plantas y los recientes estudios sobre su consciencia, sociabilidad e inteligencia, o incluso su ‘corazón‘, hasta las reflexiones de la ex-vegetariana y activista medioambiental Lierre Keith [3].

Ha habido culturas que se han alimentado casi de cualquier cosa, desde sólo pescado y grasa de foca como los inuit, hasta dietas casi exclusivas de tubérculos de varias culturas precolombinas (el tubérculo como base alimentaria, en vez del cereal; y sus implicaciones para prevenir la acumulación de poder y la generación de jerarquías me resulta muy interesante [4]).

En cualquier caso, hecho un lío de tanto leer, volví a la pregunta básica: ¿qué haría mi abuela? Le pregunté al respecto y me comentó que ‘antes’ no comían carne, las vacas eran para leche y las gallinas para huevos. Si se sacrificaba algún animal era para llevarlo a las ferias para venderlo. De hecho, también la mayoría de los huevos se vendían. Prácticamente lo único que tomaban era leche y los resultados de la matanza del cerdo, colectiva en el pueblo. Habría familias que consumían más (huevos, carne de ternera o pollo), pero en general más o menos esa era la tónica.

Con todo lo leído más los consejos de la sabia, mi postura es la de consumir poca carne, sin eliminarla del todo. En particular, no consumimos leche de vaca (en mi caso también por el ahorro de envases que supone) y consumimos carne un par de veces a la semana (con el embarazo y la lactancia de nuestra niña, ahora la comemos puntualmente más a menudo). Yo no como tampoco casi huevos aunque en el fondo los consumes con muchas cosas sin querer (una tortilla que tomas en un bar, en tartas y bizcochos, etc.)

La vida es en sí misma un generador de entropía, que implica en cierta medida la destrucción. Lo más importante es ser consciente de esa destrucción, en mundos animales y vegetales, y tratar con el máximo respeto y gratitud aquello que nos comemos, a la vez que minimizamos el daño causado.

 

Huerto

Tener un pequeño huerto en el patio es para mí una gran satisfacción personal. Me permite un contacto directo con la ‘naturaleza’, un espacio de ocio y aprendizaje, un descanso estético del asfalto y un laboratorio para experimentar desde la agricultura hasta la política, pero sobre todo donde deconstruir la ilusión del control.

patio

El mi patio

Esto último puede resultar muy rimbombante, así que lo voy a explicar. La agricultura tradicional, y aún más la agricultura industrial fosilista, no respeta la vida de las plantas o de los insectos. La poda, la tala, la eliminación de plagas, el arado, la cosecha, todo es agresivo y cortoplacista. No tiene en cuenta el ecosistema, o sólo de una manera parcial y poco eficiente. Todo ello se basa en la muy humana ‘ilusión del control’: yo sé mejor que la planta cómo tiene que crecer, por dónde tiene que crecer, cuándo deben sembrar, cuándo está enferma y cómo combatir sus plagas. Por tanto, dedico un montón de esfuerzos a manipular y controlar su entorno, en controlar a la planta, en hacer del huerto mi esclavo y, en el proceso, a mí un esclavo del huerto.

fukuoka
“El hombre cree que ha entendido a la naturaleza, cuando lo único que ha hecho es dividirla y clasificarla”. M. Fukuoka

Tal vez por mi propia forma de pensar y mis años de práctica de Tai Chi, pero sobre todo a raíz de la lectura de Masanobu Fukuoka [5] me llevaron a concebir el huerto de otro modo. El bueno de Masanobu fue un microbiólogo que, cansado de manipular organismos en un laboratorio para mejorar las cosechas, se tiró al monte, cogió las tierras de sus padres y se dedico a observar. No a hacer, a observar. Es decir, a no hacer.

De su no hacer (no confundir con no hacer nada) derivó un método de cultivo muy poco invasivo, que elimina la poda, el arado, el abono y el herbicidio. Lo llamó agricultura natural, y en Japón se ha llegado a reconocer como un método que da unos rendimientos similares (sólo un poco por debajo) de la agricultura fosilista, sin degradación de suelos (con recuperación, de hecho) y sin un input energético importante [6].

Dedicarse a observar en vez de a hacer es complicado para un occidental, que somos una especie de Pepe Viyuela de la naturaleza. Como mucho planteamos la observación como paso previo a la acción, pero pocas veces para la no-acción (no para no hacer nada, no confundir, el concepto de wu wei poco tiene que ver con eso [7]).

orderChaos

Arriba, el caos. Abajo el orden. ¿O será al revés?

¿Cómo se traduce esto a mi huerto? Bueno, pues dejo crecer lo que salga, no lo fuerzo. Para ello al introducir algo lo siembro en varias zonas para observar dónde prospera y donde no, no podo nunca, dejo las plantas morir al igual que las dejo crecer, sin arrancarlas. Dejo los restos orgánicos en el suelo donde caen de manera natural, dejo a los bichos prosperar a su aire, etc. Todo esto no es simplemente dejarlo a la buena de dios. Intervengo, pero lo mínimo, por ejemplo abonando con el compost realizado. Otras intervenciones más agresivas se hacen con el objetivo de tener que intervenir menos en el futuro.

Es increíble lo que choca esta forma de relación con la naturaleza con nuestra cultura. Para muchos amigos y familiares, la primera reacción al ver el huerto es: ‘esto lo tienes hecho una mierda, esto hay que podarlo, tienes que matar esas hormigas, esto no se qué, esto no sé cuál’. Les explicas tu experimento y te miran raro. Les muestras cómo de negra es la tierra, cuántas patatas tienes entre la maleza creciendo con un mínimo esfuerzo, les das a probar una fresa… y aún así te miran raro.

 

Complicaciones: resistencia social

En general, la mayoría de estos hábitos se pueden realizar sin interactuar con otras personas, salvo la negociación con los otros habitantes de la casa, claro (que en mi caso tengo la suerte de que estamos en la misma línea). Sí me han resultado curiosas algunas resistencias cuando estos hábitos rompen con la ‘normalidad’ social que merecen una mención:

  • La bici. Me parece increíble el nivel de odio que pueden destilar algunos conductores por la bici. Cómo te pitan, gritan en el interior de sus monstruos de hierro y plástico, te pasan rozando, etc. O no se han leído el código de circulación, o tienen tan interiorizado que la carretera es suya (por no decir el 90% del espacio público) que les molesta sobremanera bajar su velocidad mínimamente. Hasta el punto de pegar un acelerón, saltarse una continua y adelantarte rozando para acto seguido frenar bruscamente en el semáforo en rojo al que tú llegas en bici tres segundos después. También algunos peatones muestran miradas de odio, cuando puntualmente vas por la acera porque no te apetece chuparte una cuesta de la hostia sólo porque los sentidos de las calles están hechos para gente que echa dióxido de carbono por el culo. Parece que sólo contra la bici defienden su espacio público, ignorando la cantidad de espacio destinado a la calzada, al aparcamiento, los coches metidos en la acera, las terrazas invasivas de los bares de mi ciudad, etc. Sólo ante las bicis se transforman en adalides de la vía pedestre.
  • La compra. Otra cosa que me sorprende es lo que cuesta que algunos dependientes no te enchufen una bolsa de plástico. Algunos te lo razonan, otros te terminan colando alguna cuando no miras, otros directamente se enfadan. He tratado de analizarlo como cuento más arriba, pero me sigue fascinando. Una vez al comprar una barra de pan y decir que por favor no le pusiera papel, la dependienta me dijo horrorizada ‘te vas a manchar de harina!’ y yo le respondí ‘bueno, no es ácido’. Nos miramos los dos y nos pusimos a reír.
  • El huerto. Cuando hablamos de plantas, todo el mundo es experto en destrozarlas (en podar, arar, arrancar, etc.) y te lo hacen notar cada vez que vienen a tu huerto. No importa lo que te esfuercen en explicarles que prefieres ver mucha maleza a un barrizal con matas muy frondosas de tomates.

Salvo con la bici, la resistencia no pasa de la opinión o la percepción o, en casos graves de la compra, con no volver al establecimiento.

 

Resumiendo: cuidados

Si tuviera que resumir mis hábitos, diría que se trata de tomar consciencia de los cuidados. Si uno cuida de su familia, limpia su casa, trata su basura, cultiva y cocina su comida, hay que estar muy ciego para no ver las consecuencias de nuestros actos, y lo que cuesta mantener todo limpio, cuidado, alimentado. Si externalizamos todo ello, es más difícil. Evidentemente parte de los cuidados los externalizamos y está bien, uno no es Superman, pero de ahí a convertirnos en máquinas de consumir recursos y generar residuos va un trecho. Hay que cuidar más de nosotros, y desde allí del resto y del planeta.

Analizar los propios actos de manera honesta, sin excesos de cinismo ni de revoluciones, es fundamental. Comenzar por pequeñas cosas es esencial para no entrar en la parálisis de la perfección. Integrar sólo aquello con lo que de momento estamos a gusto es también importantísimo para que los cambios sean permanentes.

 

Bibliografía

En las notas al pie hay varios libros muy interesantes. Añado aquí alguno más:

  • Alan Weisman. El mundo sin nosotros. Ed. Debate. 2007. Distintos ejemplos de zonas del mundo anteriormente ocupadas por humanos y que por distintas razones han quedado silvestres. Un ensayo sobre la recuperación de los entornos por la no intervención humana.
  • J.L. Fernández Casadevante y Nerea Morán. Raíces en el asfalto. Pasado, presente y futuro de la agricultura urbana. 2ª Ed. Libros en Acción. 2016. El autor lo ha puesto amablemente en abierto aunque se puede comprar aquí.
  • Azby Brown. Just Enough: Lessons in Living Green from Traditional Japan. Tuttle Publishing. 2012. Lo que su propio título indica. Un libro sobre la sencillez de otro modo de vida.

  • Eduardo Muriel. Del ecomunicipalismo a las puertas de la cárcel. Queimada ediciones. 2017. Una entrevista con un alcalde que trató de integrar la ecología en la política de un pequeño pueblo extremeño, y de las terribles consecuencias de la resistencia social de ciertos individuos.
  • Ramón Fernández Durán y Luis González Reyes. En la Espiral de la Energía. Libros en Acción. 2014. Todo un tratado de cómo hemos utilizado la energía a lo largo de la historia (y la prehistoria). Una reinterpretación de todo desde esta perspectiva no desdeñable y tremendamente desdeñada.

Referencias

[1] Si estáis por Madrid no os perdáis el Club de Lectura que lleva su nombre

[2] O, como diría un taoísta, Wu Wei.

[3] El artículo enlazado contiene lo esencial, aunque Lierre lo desarrolla más en el libro Deep Green Resistance y otros.

[4] Más sobre el tema, por ejemplo en el libro “The Art of Not Being Governed” de James Scott, sobre las civilizaciones del metacontinente Zomia.

[5] Sobre todo de su increíble librito “La Revolución de una Brizna de Paja“, pero también otros no traducidos (creo) al castellano como “Sowing Seeds in the Desert” o “The Natural Way of Farming”.

[6] Véanse estudios como Andow D.A. e Hikada, K. Yield loss in conventional and natural rice farming systems. Agriculture Ecosystems and Environment, 70, 151-158. 1998 o Neera P., Katano M. y Hasegawa T. Comparison of Rice Field after Various Years of Cultivation by Natural Farming. Plant Production Science 2(1), 58-64, 1999.

Otro análisis interesante es el de la evolución de la agricultura danesa, donde se puede ver cómo el input energético se ha multiplicado por 10 con la agricultura fosilista, pero el output de comida sólo se ha multiplicado por 2: Schroll, H. Energy Flow and Ecological Sustainability in Danish Agriculture. Agriculture, Ecosystems and Environment 51, 301-310, 1994

[7] Esto a veces es difícil de entender para un occidental. Vamos a poner un ejemplo que usa mi maestro de Tai Chi. Imagínate que estás en el medio de un río con una fuerte corriente. Puedes hacer tres cosas: 1) buscar la vía más corta y nadar hacia la orilla luchando contra la corriente, 2) dejar que la corriente te arrastre hasta el mar o 3) ir progresivamente nadando hacia la orilla, pero en diagonal, sin agotarte en la lucha contra la corriente. Las tres cosas se corresponden con hacer, no hacer nada y no-hacer (wu wei), respectivamente. Ante una corriente fuerte, probablemente la opción 1 haga que mueras exhausto y la 2 hace que nunca llegues a la orilla, y sólo la 2 te permite lograr tu objetivo, a cambio de no dejarte exactamente en el punto de la orilla que preferías. Wu wei es una mezcla de adaptación al entorno, observación, eficiencia y, por qué no, algo de pereza en el buen sentido.

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Por qué no afrontamos el destrozo ambiental

A continuación dejo una serie de conceptos, la mayoría sacados del libro Colapso, de Jared Diamond.

Amnesia del paisaje:
Este mecanismo funciona por la misma razón que alguien nos dice ‘!cuánto ha crecido tu hijo!’ al verlo tras un año, y nos sorprendemos porque nosotros que lo vemos todos los días no tenemos la sensación de cambio tan fuerte. Lo mismo ocurre con un lugareño y su entorno: la desertización, la erosión, la pérdida de vegetación, es paulatina y sólo se percibe si uno está muy atento o visita el lugar poco a menudo.
Lo mismo se puede decir del calentamiento global, etc.

Conciencia de límites:
En un entorno cerrado (p.ej. una isla del Pacífico) es más fácil percibir cambios o, al menos, percibir que sólo se dispone de lo que se ve. En un entorno global, es difícil ver cómo degradamos el ambiente común mediante la externalización de la producción, la extensión en el tiempo de los efectos, etc.

Pensamiento ‘racional’
Pensamiento ‘racional’ o egoísta: si no exploto este caladero/finca/bosque/pozo, otro lo hará, porque está ahí, es de todos y si no soy yo será otro. Por la misma razón, si no lo exprimo al máximo, otro estará exprimiendo sus recursos al máximo y tendrá más beneficio, bajará precios, etc.
Que este tipo de razonamiento egoísta se haya convertido en lo ‘racional’ no deja de ser curioso. Teniendo en cuenta que nuestra ventaja evolutiva es la estrategia social, y que la mente ha evolucionado hacia funcionar en sociedad, está bastante claro que lo racional tiene más que ver con ceder y adaptarse en el corto plazo para sobrevivir en el largo plazo, no con acaparar a corto. El cerebro reptiliano debería quedar para las crisis inmediatas, si acaso.

Tragedia de lo común:
Como lo común es de todos, pero lo explotan unos pocos, el esfuerzo para esos pocos de degradarlo reporta muchos beneficios, así que dedican tiempo a ello. Como la degradación la dividimos entre todos, tenemos a título individual poco que ganar en comparación con el esfuerzo que requiere el enfrentamiento. En otras palabras: privatización de ganancias, socialización de las pérdidas.

Apego a la cultura:
Toda la vida se ha hecho así. Se ha labrado así, se ha calentado así, se ha conducido así. El mismo funcionamiento que llevó a los vikingos a la muerte en Groenlandia por mantener sus costumbres (ganadería, tala) en un entorno que ya no la soportaba.

Rechazo del desastre:
La defensa psicológica ante problemas abrumadores es a menudo la negación del problema o, si superamos esa fase, la indefensión (no se puede hacer nada) y por tanto  la depresión (qué pena que no se puede hacer nada). Abordar estas fases y superarlas es vital para comenzar a cambiar hábitos personales, cambiar tendencias políticas, demandar medidas, etc. que puedan terminar suponiendo algún tipo de cambio sociocultural que lleve a algún sitio distinto. Que se pueda hacer a tiempo es otra cuestión.

Tecnooptimismo:
Dentro de la defensa psicológica el pensamiento mágico del ‘ya inventarán algo’ es una válvula de escape común. Proyectar el problema al futuro y confiar en la tecnología todopoderosa. Un siglo de abundancia energética ha consolidado esta visión. Sin embargo es tremendamente irresponsable confiar la solución a los problemas presentes a descubrimientos futuros. Hay atropellos en las ciudades, pero en vez de afrontarlos y usar normas de tráfico y semáforos, quizás deberíamos dejar a la gente ir a su bola y confiar en los coches que frenen solos mediante súpersistemas de detección de colisiones. Que están al llegar, vamos. Que seguro seguro.

 

Superar el déficit de percepción que en el fondo implican estos conceptos supone dar un salto en la conciencia humana. Del corto plazo al largo plazo. De lo local a lo global. De lo humano a lo animal y vegetal. Una expansión de conciencia para la que las últimas décadas de extraordinaria paz, abundancia energética, increíbles comunicaciones, ciencia y tecnología, deberían habernos preparado. Qué pena, ¿no?

 

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La educación es la solución: mis cojones

En cada conversación para arreglar el mundo, indefectiblemente, se termina con la siguiente coletilla: “La educación lo es todo, lo más importante es la educación, etc.”
Es el cierre final perfecto: todo el mundo asiente apenado pero convencido, la solución al problema se proyecta al futuro, y nos vamos a casa tranquilos.

Pero digo yo, ¿no será la educación, en vez de la solución, el problema? ¿Cómo se educa la población adulta, que es la que tiene capacidad de acción ahora? Se educa a través de los medios de comunicación: allí forma su opinión, allí ve los datos que se le presentan, allí piensan por ellos.
He visto a menudo razones y opiniones tan directamente introducidas desde los medios de comunicación en cabezas de personas bienpensantes, cultas y muy cultas. Personas que tuvieron una educación decente, leyeron, pensaron y piensan. Y sin embargo, se educan hoy en un ambiente sesgado, interesado y acrítico y se dejan poner en la boca las opiniones y certezas que les vierten. Ese vitriolo destilado, disfrazado de consenso manufacturado que diría Chomsky, es la educación que dirige el mundo. Está siendo tan claro en las elecciones del Reino Unido como lo ha sido en mil sitios antes.

Pero no, sigamos con que el problema está en los niños, los pobres, educados para ser tontitos, mientras los adultos somos la hostia en verso.

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Throw away your television, mofo!

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DarLose

Darwin es probablemente el científico más conocido de la actualidad. Seguramente compita con Einstein o Newton, y desde luego por encima de Galileo, Copérnico, Hawking, Curie u otros científicos muy conocidos.

Es además el único biólogo popular, no creo que Mendel, Francis y Crick o Jane Goodall sean realmente populares a gran escala (al menos cuando alguien se plantea un Street Fighter molón).

Más aún, es probablemente del único que la gente se ‘conoce’ su teoría. Pues bien, aquí vengo yo con mis santos cojonazos de ignorante a ponerle pegas al menos a sus tres grandes exégesis, que probablemente no sus ideas si pudiera rebatirlas y tener acceso a lo que conocemos acualmente.

La supervivencia del más fuerte

Bueno, esta directamente es una chorrada y mala traducción que se ha hecho popular. El más fuerte, violento o egoísta sólo supera y sobrevive de manera individual, en ciertos contextos de escasez extrema de recursos y/o de un grupo que soporte la deriva abusadora de unos pocos.

No lo hace en general, por mucho que los libros de historia hasta hace poco sólo se fijen en las grandes batallas, ni por mucho que los documentales de la tele destaquen sobre todo a leones peleando. Dos kilogramos de tu peso son bacterias que viven -principalmente- en tus intestinos, colaboras con ellas todos los días quieras o no. Millones de personas viven en tu mundo, construyen tus aceras, limpian tus calles (o tus cacas) y cultivan tus patatas, salgan en los libros de historia o no.

Darwin ready to fight. Alguien tendrá que limpiar luego todo el pelo que suelte, digo yo.

Darwin ready to fight. Alguien tendrá que limpiar luego todo el pelo que suelte, digo yo.

La supervivencia del más apto

Esto se acerca más a la teoría de Darwin, no sobrevive el más fuerte, sino el más adaptado a un determinado contexto y entorno. En un entorno social como el nuestro, puede ser el más inteligente, o el más colaborador, o el que tiene una red más amplia de contactos dispuestos a ayudarle. Quizás en medio de una reyerta callejera a las tantas de la noche en la que te encuentras involucrado (deberías preguntarte por qué) si que sobrevivas si eres el más fuerte, pero son casos poco probables.

Pero en el fondo, si aceptamos este postulado sin ir más allá, simplemente aceptamos una tautología: sobrevive el que sobrevive, ya que la aptitud es algo que conocemos generalmente a posteriori. A Popper esto no le molaría mucho.

La supervivencia del Más

Quizás el tema vaya por el adverbio en vez de por el adjetivo. Es decir, la supervivencia como resultado de la competición. Aquí es donde entronca con todas las teorías sociales y económicas que buscan tener bula de la diosa ciencia. La competencia como estado natural del que hay que sobrevivir. Y si es posible, con barrera Weismann: que seas el más apto depende sólo de tu predestinación genética y la aleatoriedad de las mutaciones.

Ahora entraremos en las objeciones científicas, cada vez más numerosas, a esta teoría*. Pero primero reflexionemos sobre lo adecuado y coincidente de estas teorías con el contexto de poderes e ideologías socioeconómicas de la revolución industrial. Inglaterra triunfa sobre Francia, la revolución industrial sobre la francesa, Darwin sobre Lamarck, Adam Smith sobre los fisiócratas franceses, el protestantismo sobre el catolicismo.

Que estás predestinado a ser quien eres, por buena o mala suerte, en tu estrato social, dentro de un mundo competitivo, es más o menos lo que viene a decir el protestantismo, y también el capitalismo honesto consigo mismo. No hay lugar para la cooperación, para la evolución personal, ni siquiera para enlazar causas y consecuencias del progreso económico (sean estas los recursos naturales de los fisiócratas o la base colaborativa social que permite la competitividad) o de la moralidad de las acciones.

Esta concepción del universo, donde algunos de los mayores sacerdotes de Darwin son economistas y políticos, se empieza a ver truncada en lo social y lo natural. La colaboración subyacente ya no aguanta más: ni los recursos naturales (sean combustibles fósiles o tierras fértiles) ni las sociedades en bancarrota (con impuestos de quintos, no de diezmos como en la edad media, y demasiados parásitos advenedizos adicionales). Es posible que en algún momento, cuando la madre de Trump o su mucama mejicana decidan dejar de lavarle los calzoncillos, este espejismo de niños pueriles que juegan a pelearse mientras les hacen la comida y la colada, termine.

En definitiva, quizás necesitamos estudiar un poco nuestra relación con el lose, que la del win ya la tenemos muy vista.

 

*Me se olvidaba esta parte: apunto aquí un par de conceptos científicos que hacen plantearse la necesidad de refinar la teoría darwinista o bien recuperar parte de la lamarckiana:

  1. La barrera de Weismann es franqueable. Es decir, no es cierto que nada del fenotipo se transmita de una manera u otra al genotipo. Desde la transferencia horizontal (se pueden trasmitir genes de un organismo a otro totalmente distinto) hasta la herencia epigenética (se hereda no sólo el ADN sino también modificaciones sobre el ADN -epigenética- que pueden devenir de la interacción con el entorno).
  2. Científicas tan importantes como Lynn Margulis cuestionan el modelo y hablan de la necesidad de su refinamiento, sobre todo en cuanto a que la evolución dependa del azar y a que esta sea una circunstancia individual más que poblacional.
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YO soy la hostia, y TÚ también

  • Wilt y Love de Aleister Crowley
  • Biograma y Logograma de Celine Hagbard
  • Excalibur y El Santo Grial de las Leyendas Artúricas
  • Individualismo y Asociación libre de Èmile Armand
  • Soy el constructor de mi Propia Casa y Amo a Walden de Henry D. Thoreau
  • Soy el PUTO Hijo de Dios y Muero por Vosotros de Jesucristo
  • El Superhombre y Besar a los caballos de Friedrich Nietzsche
  • No nos representan y Asambleas del 15M
  • Autocultivo y Empatía, de yo mismo (que soy la hostia)
  • Linux y Git de Linus Torvalds
  • Yang y Yin de Lao Tzé

De toda la vida, el autoritarismo ha apelado al amor incondicional del vulgo, y a la voluntad férrea del líder. Un rebaño sumiso y un pastor firme. La iglesia eliminó en el Nuevo Testamento toda idea de individualismo e unicidad, para introducir el pecado original: él era el hijo de dios, pero tú eres la mierda. Así estuvimos milenios, la misma teoría válida para el feudalismo o la monarquía, el ‘todo para el pueblo pero sin el pueblo’. Esta forma de entender las cosas anula al pueblo la posibilidad de autocultivo y crecimiento individual: de pensar ya se ocupa el líder. Más aún, anula la capacidad de amar en los líderes, negando su posibilidad de empatizar y conocer la realidad colectiva: de hacer ya se ocupa el pueblo.

Esta esquizofrenia social, este sadomasoquismo, se extiende a todas las jerarquías sociales establecidas, de la familia a la escuela, del trabajo a la política: padre vs hijo, maestro vs alumno, jefe vs obrero, líder vs súbdito. Aún más increíble, la esquizofrenia sadomasoquista de la dicotomía amor/conocimiento es a menudo exclusiva. El refrán ‘Cuando seas padre, comerás huevos’ sintetiza bastante bien esa exclusividad: no te explico mis razones, no debes razonar ni discutir conmigo, debes obedecer… pero si algún día llegas a mi estatus, comerás huevos y no tendrás que dar explicaciones. Sufre a tu padre y cuando seas padre haz sufrir a tu hijo, sufre novatadas, trabaja gratis en prácticas, trabaja sin cotizar con una beca, trabaja como un mulo por poco dinero y quizás algún día serás maestro, jefe o líder e impondrás tu voluntad y humillarás a otros.

“El amor intenta entender, convencer, vivificar. Por este motivo, el que ama se transforma constantemente. Capta más, observa más, es más productivo, es más él mismo.”

Parece que haber sido sumiso no lleva, cuando se logra la situación de poder, a empatizar con el sometido. Por tanto uno concluye que la sumisión per se, sin autocultivo, no permite desarrollar la capacidad de amor y empatía de manera completa, sólo de manera torcida y rencorosa. Amar sólo es posible si se ama a uno mismo. Empatía y autocultivo están ligados, separados no se puede llegar al nivel máximo en ambos. Día y noche no son separables: hagamos un sistema en que el hijo, alumno, trabajador y súbdito cuestione, dude participe y resuelva. Hagamos un sistema en el que el padre, profesor, jefe y líder sirva, escuche, debata y obedezca.

Rebelión sin autocultivo: ama al líder [flipo con las ilustraciones de Pawel Kuczynski]

Respecto a los dos sistemas jerárquicos en liza en el siglo pasado, ninguno logra este objetivo. Marx y el comunismo denuncian el autoritarismo en la iglesia y el capital, pero piden amor incondicional al pueblo, no por dios o el patrón, sino por el estado. La situación resultante es igual de alienante, como bien predijo Bakunin. Aun más bizarra es la vuelta de tuerca del capitalismo: las Ayn Rand que apelan no al amor, si no al autocultivo personal sin amor (yo soy la hostia, el estado y sus parásitos me tratan de doblegar) para crecer en sociedad, que deriva evidentemente en individuos frustrados, odiadores y psicópatas. Esa maravillosa falacia del anarcocapitalismo: ¿como puede funcionar la propiedad privada sin un estado que la refuerce?

La pseudofilosofía de Rand por los suelos tras 8 viñetas

Acaso Botín podría poseer todos los assets de su banco sin un ejército de leyes, abogados, jueces y policías que los defendieran? No señor, tendría su casita, pero el resto de esas casitas de la burbuja, sin estado, estarían hace tiempo ocupadas por personas que estuvieran en el aquí y ahora de su ubicación. Por tanto al final en el capitalismo tenemos un doble mal: el autoritarismo del capital que somete al obrero y aliena al patrón, y el del estado que protege al capital y exprime al ciudadano.

Si no podemos apelar sólo al amor o la obediencia, ni sólo al individualismo o a la iniciativa personal, ¿qué nos queda? En otras palabras: ¿Cuándo vamos a sacudirnos la disyuntiva Shakespeariana (ser O no ser, individuo o colectivo) y cambiarla por la conjunción: ser Y no ser, yo crezco y tu también, afirmo que soy pero también que tú eres, que yo dejo de ser en ti? No es fácil el cambio, hay que asumir responsabilidades y tomar decisiones, hay que aceptar a la gente y hacer mucha autocrítica. Abajo identifico algunos aspectos que yo personalmente estoy trabajando para este fin.

To be AND not to be. Métetelo en la puta cabeza, Shakespeare

Independencia

Independizarse es quizás el evento más reconocido como paso al mundo adulto. No amé completamente a mis padres hasta que no me di cuenta de que habían estado lavándome los calzoncillos durante años, y lo coñazo que es. Uno se puede dar cuenta intelectualmente, pero no se interioriza hasta que no lo tienes que hacer por ti mismo.

Pero parece que en muchos otros aspectos (y bastantes personas incluso en el anterior) nos hemos vuelto independientes, vagos y menos empáticos. Contratamos a personas para que limpien nuestra casa, no nos preocupamos por la basura que generamos porque, misteriosamente, el contenedor está vacío al día siguiente. No hay nada como gestionar la mierda propia para aceptar nuestra condición humana (tarde o temprano nosotros seremos otro desecho) pero tambien para generar menos mierda. El reciclaje no es la solución (es sólo una huida hacia adelante: sigo generando la misma mierda, pero misteriosamente la mierda se convierte en oro de nuevo). La solución es asumir un consumo responsable: minimizar la mierda que genero. En mi caso, tengo un compostador en casa, así que convivo con la mierda biológica que genero. En cuanto a la sintética, mucho más importante, no acepto bolsas en lo posible, aunque una cosa tan sencilla implica una batalla diaria con la dependienta de la tienda de alimentación, que se empeña en dármelas a pesar de que lleve mi propia bolsa.

En término último, si no genero mierda, no dependo del barrendero o del basurero. Si un día él no está, no me comerá la mierda. Al fin y al cabo es una cuestión de empatía: ¿querríamos dedicarnos nosotros a limpiar la mierda de otros? Si la respuesta es no, ¿por qué entonces deseamos o dejamos que otros limpien la nuestra?

Autocultivo

La independencia mejora en gran medida nuestro conocimiento sobre nosotros mismos, por ejemplo a través del conocimiento de la mierda que generamos. Pero más allá de ello, uno tiene que identificar qué le motiva o le apasiona en un momento dado, y dedicarle el tiempo que pueda. El autocultivo puede ser intelectual o corporal, pero sea como sea nunca debe ser rutinario, pasivo o prefijado. Leer un bestseller o ver una novela con la misma trama de romance/acción/drama que las cien anteriores no cultiva demasiado. Tampoco correr en la cinta un día tras otro. Puede ‘mantener’ en forma, pero no permite crecer. Lee filosofía o ciencia o novela de la buena, no Harry Potter. Practica un arte marcial, danza o teatro, no corras en una cinta.

Idealmente uno debería hacer de su trabajo un modo de autocultivo, pero si no es posible porque uno tiene que adaptarse al mundo en el que vive, al menos que sea una actividad que te guste y hagas en tu tiempo libre. Personalmente, tengo la suerte de poder hacer ciencia en mi trabajo (cuando me dejan) y leo filosofía, historia y ciencia ficción cuando tengo un rato. También practico un arte marcial que me ayuda a crecer mental, física y espiritualmente.

Ojo: tampoco es cuestión de ser un gilipollas cultureta, también me juego mis Candy Crush, me veo algún partido de fútbol y me echo mis partidas con los colegas, hay tiempo pa todo. Y además, incluso en estas cosas mundanas, llego a encontrar muchos aspectos en los que autocultivarme.

Liderazgo

En un momento u otro de nuestras vidas nos encontraremos con contextos en los que adoptamos el rol de líder. Bien tienes un hijo, o quizás te ascienden a un puesto medio, o sacas una plaza de maestro, o te eligen presidente de la comunidad de vecinos.

Como profesor, intento no dejarme llevar demasiado por este rol. No significa que no sepa que conozco mejor la asignatura que mis alumnos, ni que ellos no sepan que en cierto sentido ‘mando yo’. Pero esto no impide que ante una pregunta no pueda responder ‘no lo sé’ o ‘tu punto de vista es interesante, vamos a discutirlo’ en vez de escabullirme o desechar una idea. En cuanto a dar órdenes, tarea fundamental de un líder, encuentro que delegar es complicado. Aunque me gustaría, no puedo esperar que otro haga algo como lo haría yo. Cuando ordeno a otro hacer algo (por ejemplo, en mi caso mando hacer ejercicios a mis alumnos) intento dar libertad creativa, dentro de unos mínimos básicos inmutables, para solucionar el problema. Juzgar esa variación sin prejuicios me resulta a veces difícil, pero también es enriquecedor y a veces sorprendente ver cómo otros solucionan problemas de maneras distintas a las que yo pensé.

Difusión

Este es probablemente el aspecto que más se utiliza y también el menos útil en cuanto al desarrollo del autocultivo y la empatía. Soy el primero que uso el Facebook para poner pensamientos, críticas, noticias, etc. Y el primero que opina de cómo cree que debería ser tal o cual cosa.

Pero el alcance de las palabras es muy limitado, o al menos lo es conmigo. Cuando alguien me da un argumento convincente, llega mi cerebro, lo intelectualizo e igual lo asumo, pero difícilmente lo interiorizo, a no ser que empiece a meditar sobre él a lo largo del tiempo. Supongo que a todos nos pasa, y por ello no creo que la difusión sea la mejor manera de difundir autocultivo y empatía. La mejor manera es autocultivarse y empatizar, y difundir desde la experiencia de haberse cultivado/empatizado antes.

Os lo dice el bueno de Alex

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Introducción, nudo y desenlace

Introducción, nudo y desenlace. El objetivo del arte; de la pintura, de la escritura, del cine, de todo. Una historia perfecta, un círculo completo, un todo. Una puta mierda.

Esta concepción del arte como una historia completa, cerrada, perfecta, no es nada más que una paja, o que una vida. Acaba con un manchurrón en los pantalones, seguramente perfecto y bien disfrutado, o, como en la vida, no acaba más que con la muerte.

Vivo sin vivir en mí

Vivo sin vivir en mí

Es esto lo sublime, lo mejor que podemos tener? Uno se mata a pajas, y las disfruta, y son perfectas, pero al final queda el vacío, el frío en los riñones, el cansancio y el dejarse ir. ¿Es eso el súmum? El cuadro acabado, el guión cerrado, la novela de final perfecto. ¿Es eso todo? No, eso es una buena muerte. Lo perfeccionas: en vez de pajas follas de aquí para allá, mejoras tu cine, tu óleo, tienes éxito, el público te aclama (o no, pero eres jodidamente bueno, igual da). De todos modos al final: vacío, riñones huecos, creatividad exhausta.

Puedes haber conseguido una inmortalidad, cultural en forma de un cuadro adorado por siglos, una serie apreciada por 10.000 tweets; o un hijo que inicia tu descendencia, descendiendo a partir de entonces, siempre descendiendo (lamentable gerundio). Pero eso es todo, 100 años más, quizás 200 ó 2000. La pequeña muerte convertida en grande, pero siempre muerte.

La vida dentro de la vida, el universo dentro de la nada, es algo más allá que todo eso. Como mucho, Occidente ha llegado a la nada, y a partir de ahí sólo le queda la náusea. Oriente ha sabido mejor, de la nada viene el infinito: wu wei. Es la ciencia occidental la que quizás más se acerca a este concepto, del potaje cuántico de la nada llega el universo.

Uno debe seguir el mundo, aceptar la introducción, el nudo y desenlace. Debe aceptarlo, asimilarlo, vivirlo, devorarlo a pajas y follar(selo). Pero un día uno debe romper el sistema, evitar (o abrazar) el vacío e ir más allá. Es fácil mantenerse en el sistema (dibujar siempre bien, como Antonio López o portarse siempre bien como San Pablo¿?) o luchar siempre contra él (como el punki de turno, como James Dean), pero lo complicado es que una vez matado a pajas seas capaz de no hacértelas, o de saltar el sistema en el que estás confortable por los aires (Santa Teresa, Lao Tsé?). Ahí quizás está la genialidad, la revolución constante, la inmortalidad que no es y por eso realmente es.

Introducción, nudo, desenlace. Cultiva, crece y mata el ego. Pero mañana: ni nace ni crece ni muere. No hay ego. Ergo hay. Ser y no ser.

s+n? n·s

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